Vision and craft
FRONTERIZAS
Decidí hacer la pieza de mi vida porque no sé perder, rasgo heredado de mi madre, incorporando una vaca tudanca en tutú y vídeos familiares VHS como material coreográfico. Esta obra personal, que evita la etiqueta de "moderna", representa la cima de mi carrera y no un comienzo.
Studio: Action Team
Año: 2022
Industry: Production
Fronterizas es la tercera obra de la investigación antropófaga de Mari Paula. La última puesta en escena de una trilogía -Retrópica en 2017, Devórate en 2019 y Fronterizas en 2022- que aborda el cuerpo como una experimentación antropófaga y migrante.
Fronterizas también es una acción interdisciplinar, que relaciona la experiencia vital de Mari Paula con la danza, con las tecnologías lumínicas de Carlos Molina y con las tecnologías sonoras de Jaime Peña.
Una obra autoficcional que aborda temas como la lucha, el cansancio y la aceptación del fracaso. Con una estructura narrativa no lineal, Fronterizas vislumbra un futuro a partir de los trozos rotos del pasado. Es circular. La construcción dramatúrgica rompe con la coraza, con el lenguaje y con el cuerpo de la performer. Una obra decolonial, no por su discurso y sí porque pone en escena un cuerpo transmundano que desea desestabilizar las lógicas de la producción y do whatever the fuck you want.
COMO IMAGINÉ FRONTERIZAS, PERO MALOGRÉ
INTENTO 1:
Intenté hacer una pieza fácil, programable y digital. Totalmente coreográfica, sin drama y sin carnaval.
Compré un círculo de acrílico y escribí, sobre él, mi experiencia con la inmigración.
He puesto música en directo y había un momento en el que yo hablaba por un micrófono, como toda buena artista de la performance art.
Conseguí una ropa nice fluorescente sin invertir ningún euro en la producción. Hice fotos en el techo de los trenes de mi barrio, pero luego descubrí que una amiga había hecho lo mismo en los años 90. También intenté trabajar con una artista chilena, vía zoom, pero las palabras me cansan.
Hice todo lo que siempre critiqué y entendí, en la carne, porque lo criticaba.
INTENTO 2:
Transformé todo el intento 1 en un vídeo de 30 minutos, que hasta hoy me avergüenzo de él.
INTENTO 3:
Convertí todo en una pieza de calle. Horrible. La calle es de las que trabajan en la calle, investigan la calle. ¿Quién ha inventado que una misma pieza puede tener la versión calle y la versión sala? Horrible.
INTENTO 4:
Decidí hacer la pieza de mi vida, pues no sé perder.
Sí. La pieza de mi vida y la última, de mi vida.
El teatro de mi ciudad me prometió una superproducción, pero me dejó tirada. Aun así he puesto todos mis ahorros en ella para contratar el mejor equipo. Not precarious – es una ley.
Decidí hacer la pieza imposible. La que tanto deseaba. En el guion, una vaca tudanca, con tutu rosa, baila Billie Jean cruzando el escenario.
También contraté un alter ego en el caso de que todo saliera mal.
Como material coreográfico, pedí a mi madre que me enviara vídeos míos bailando de los VHS de la familia. Solo ella y yo sabemos lo duro que es nacer en los 50 y tener que utilizar el wetransfer.
Lo de no saber perder lo heredé de mi madre.
En los ensayos, bailé todas las danzas de mi vida, de Kaoma a Stravinsky. Morí siendo Madona, Julieta y siendo Giselle. También me reconcilié con el grand plié y con la chica que me dimitió por email.
El otro día una amiga me dijo que yo debería tomar una decisión artística vital. Me dijo, también, que lo que está vivo no está fuera de moda.
La pieza no es moderna, odio todo lo que se define por moderno.
Ayer un amigo me dijo que yo debería hacer la danza que me hace feliz, pues como realmente nadie va a ver danza, no voy a cambiar el mundo con esta pieza.
Lo que sí, es que descubrí que mi danza es sobre todo sincera.
Sigo sambando. Me sigue gustando el Tropicalismo y mi héroe aún sigue siendo Caetano Veloso.
Después del estreno voy a maternar. No, no es el fin.
Sí. Esta es la pieza de mi vida y se equivoca quien piense que acabo de empezar.

